Han pasado muchos meses desde la última entrada (y desde la última con algo de texto ya ni lo recuerdo). Han pasado muchas cosas desde entonces; muchos cambios en mi vida y muchas cosas en las que pensar rebotando dentro de mi cabezota, como las partículas de un microondas. De hecho, consiguieron producir el mismo efecto: recalentar mis neuronas y dejar el cerebro medio cocido.
Mudarse siempre es un evento importante en la vida de cualquier persona con más enseres que una mochila. Irse de tu país en busca de fortuna lo es aún más. Y plantarse en un país cuya lengua no es de uno pues acaba de rizar el rizo.
Creo que durante las semanas previas a irme, no dormía bien, tenía problemas de digestión y hasta se me caía el pelo. Ah, no, espera. Que lo del pelo ya venía de antes :P
Han pasado 3 semanas desde que cargamos el coche y Laura y yo nos metimos en el cuerpo algo más de 1600 km para llegar a Bedford.
21 días después, veo las cosas con muy buen color. No las veía mal al llegar, ni mucho menos. Pero la cantidad de sentimientos y experiencias vividas por unidad de tiempo era tan grande que me sobrepasaba, con lo que costaba un poco hacerse al lugar y disfrutar de todo.
Han pasado las semanas y me siento más cómodo, más seguro de mí mismo y con más ganas de ver qué vendrá.
Es muy interesante pensar en las próximas semanas y meses. Imaginar cómo estaré en un par de semanas, si jugaré a rugby, si habré encontrado un piso o una casa donde acabar de asentarnos, qué tipo de sorpresas me esperan pasando visita con los propietarios ingleses...
Lo que sí tengo claro es que, como toda experiencia vital, voy a llenar la saca de recuerdos, de anécdotas, de sabiduría. Al fin y al cabo, eso es lo importante, no? “Sobrevivir” a todo tipo de situaciones y vivencias para ir modelándose como persona e ir mejorando.
Espero retomar el blog en esta nueva etapa. Hacer más fotos, escribir un poco más y ejercitar esta almendra que tengo sobre los hombros. Que sirva de algo más que de ariete.
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