Monday, 12 April 2010

¿Qué quieres ser de mayor?

Con tan sólo 3 años, le dije a mis padres que cuando fuera mayor montaría una casa suficientemente grande para que cupiesen elefantes, con los techos agujereados para que las jirafas pudieran sacar la cabeza y estirar el cuello y piscinas tan grandes que pudieran albergar delfines y ballenas. Pocos años después, dibujaba en clase los planos de los que sería mi clínica para fauna salvaje con mis lápices de colores… Y es que, desde que tengo uso de razón, he querido ser veterinario.
Mirando mi profesión desde un punto de vista purista, salvar una vida es lo más grande que podemos hacer. Pero cuando nos involucramos en la conservación de las especies amenazadas el trabajo va mucho más allá. No podemos conformarnos con salvar la vida de un individuo, si no que debemos promover y buscar la manera de contribuir a la conservación de la especie y de su ecosistema. A pesar de ello, cada vez que un animal del centro de recuperación es devuelto al mar, sé que he contribuido a la conservación de su especie, pues este ejemplar podrá reproducirse y completar el ciclo de la vida.
Es el trabajo multidisciplinar el que nos permite conseguir nuestra meta de proteger y recuperar nuestros mares y océanos. Conservacionistas, biólogos, ambientólogos, pescadores, veterinarios, marineros, particulares, voluntarios… debemos seguir aunando esfuerzos para poder aprender, entender y solucionar los problemas de nuestras aguas, de los que, en mayor o menor medida, somos todos responsables.
Trabajar en una entidad como la Fundación CRAM es la mejor forma de aportar mi granito de arena para la conservación y la protección de nuestro Planeta Azul y de las especies que habitan en él.

Sunday, 4 April 2010

Pillow Fight Bcn 2010

Si todas las guerras y peleas fueran así... altamente recomendado para el próximo año. ¿Quién se apunta? :)

Friday, 2 April 2010

El Pequeño Eloi

Dedicado a quienes saben de qué (¿o quién?) hablo :)
El pequeño Eloi tiene sólo 1 año y medio (o 18 meses, como gustan decir los orgullosos padres al hablar de sus retoños) y empieza a andar. Aunque su psicomotricidad no es la mejor de sus habilidades, es suficientemente hábil para llevar a sus padres de cabeza.
Su cerebro, todavía tierno y ávido de conocimiento y experiencias, lo impulsa a moverse de un lado al otro. Y la inconsciencia asociada le lleva a ser osado.
Sin embargo, Eloi tiene a sus padres siempre detrás. Si el pequeño explorador decide juguetear con esas cosas blancas con orificios que hay en la pared, su madre no tardará ni un segundo en evitar que meta los dedos en el enchufe.
Cada vez que salen a pasear, Eloi se vuelve loco por esas superficies de agua que, bajo la luz del sol, produce unos destellos bailarines. Cuando corre a chapotear y hacer que estos bailen, su padre es capaz de poner hasta su propia chaqueta por tal de evitar que su pequeñín se moje.
Sus padres de desviven para que el pequeñín de la casa no sufra ningún percance a pesar de sus alocadas ideas. Pero no siempre pueden estar ahí y es entonces cuando Eloi se hace daño o se asusta al encontrarse con resultados no esperados de sus experimentos.
En ese preciso instante toda su fuerza parece acumularse en su cara, que se enciende como una resistencia de una estufa y rompe a llorar. No entiende por qué sus padres no  han llegado a tiempo para avisarle, detenerle o asistirle y evitarle semejante disgusto. Su frustración es tal que llega a odiar a sus padres más que a nada en el mundo, aunque segundos antes estuvieran en su pedestal personal como lo más valioso del mundo.
Afortunadamente Eloi aprenderá con el tiempo que las cosas no son así. Que sus padres no pueden estar para todo, salvándole y evitando que aprenda. Porque, al fin y al cabo, lo que está haciendo, con cada susto, caída o golpe, es aprender.
Desafortunadamente hay gente que no aprende o vive en su burbuja de protección particular y, sólo cuando se rompe, se dan cuenta de lo equivocados que están, de la ignorancia supina que les guía errónea y osadamente en la vida.