Sunday, 8 June 2008

Tossa Submarina

Ruido de motores, olas golpeando las rocas, gente hablando, chiquillos jugando y riendo... Son los sonidos normales en una playa, en este caso la cala de la Mar Menuda en Tossa de Mar, de los primeros pueblos de la Costa Brava viniendo desde Barcelona. Pero cuando te sumerges la cosa es muy distinta.
De repente, se hace un silencio casi total. Al principio puede que se oiga el sonido lejano de lo antes se oía casi estridente pero, poco a poco, según el perfil marino baja, y nosotros con él, los ruidos van desapareciendo.
Ahora oigo mis latidos en las sienes (es la primera vez que llevaba capucha de neopreno), es aire salir del regulador hacia mi boca y las burbujas expulsadas desde mi boca. Voy compensando la presión producida por las toneladas y toneladas de agua que se van interponiendo entre mi insignificante cuerpo lleno de cavidades y la superficie son problemas. Es una sensación de libertad, de redescubrimiento, cuando los oídos se destapan y el timpano puede vibrar libremente para ofrecerte los sonidos submarinos.

Llegamos a una "llanura" de arena clara, rodeada de rocas y reviso el ordenador de muñeca. 11 metros.... No está mal. Hay mucha gente haciendo cursillos, otros ya se dirigen a explorar la zona y algunos llegan detrás nuestro. Curiosa imagen... es como si hubiera entrado en una habitación donde se imparten clases y la gente entra y sale, con la diferencia de que estamos a 10 metros por debajo de donde se supone debería reproducirse esta imagen.
Uri y yo nos colocamos bien las cintas y los aparatos y revisamos (casi por última vez...) el mapa. Decidimos cómo avanzamos y empezamos nuestra inmersión (este sería posiblemente el último momento en el que íbamos a ser metódicos).

El relieve submarino de esa zona de Tossa es realmente bonito. Planicies de arena manchadas de pepinos de mar, rodeadas por pequeñas montañas de roca forrada de vida marina por doquier, dejando huecos, grutas y cuevas donde la vida prolifera y se extiende.
Durante la primera media hora vamos bajando progresivamente hasta los 21,7 metros de profundidad. En nuestro viaje vamos encontrándonos con todo tipo de habitantes. Las castañuelas (Chromis chromis) nos acompañaron casi todo el viaje, vimos una brótola (Phycis phycis) en una cueva, como custodiándola, junto con un cabracho (Scorpaena scrofa) que yacía plácidamente en el fondo, consciente de que ningún otro animal debe acercarse si no quiere probar sus púas y su veneno.
Vimos un par de pulpos (Octopus vulgaris), el segundo realmente grande, con el que Uri intentó casi tiene un "afair" y un par de morenas (Muraena helena) que nos saludaron desde sus grutas. Había muchos sargos (Diplodus vulgaris) que bajo la luz de la linterna destellaban ante nuestros atónitos ojos, incapaces de parpadear para no perdernos ni el plancton pasar por delante nuestro y otros grupos de peces que no recordamos como para identificarlos ahora (me tengo que hacer con una funda para la cámara!!). Especialmente, me quedo con la intriga de no haber identificado la especie de un pececillo fusiforme, con líneas longitudinales amarillas en los flancos y que al ser alumbrado resplandecía en un azul ténue en la zona del abdomen, de una forma casi fantasmal. La próxima vez lo sabré!
Pero la invitada de excepción fue una raya pintada (Raja montagui) que encontramos sobre las rocas ya de vuelta. Fascinante animal de aproximadamente 75 cm, sólo el cuerpo, que "descansaba" sin ser molestada por nada ni nadie.

Entre todo este mundo acuático y las maravillas que nos fuimos encontrando cometimos un error muy grave... perdernos. No seguimos la brújula ni el mapa en ningún momento y acabamos totalmente desorientados y sin tener claro dónde estábamos ni la dirección a tomar.

Afortunadamente la inmersión no era complicada y mantuvimos la calma. Así que subimos a la superficie y nadamos hasta la orilla, después de 50 minutos de disfrute y deleite (y algo de frío por parte del pobre Uri).

La nota amarga la pone la pérdida de la linterna que me dejó Júlia con toda su buena fe. Evidentemente no era mi intención, pero la pobre linterna, después de soltarse del pasador que llevaba en la muñeca, se fue al fondo del mar.
Afortunadamente la propietaria (o expropietaria) ha sido comprensiva. Así que final feliz para mi primera inmersión como submarinista!

Sunday, 1 June 2008

27 años....

Así estreno el nuevo blog... Después de unos días de reflexión y esparcimiento, otro año más, ahí va una reflexión a propósito de mi 27 cumpleaños, un “strip-tease” de mi forma de ser, un auto-análisis que quiero compartir con vosotros/as.
Este último año ha sido muy importante. Tal vez muy sonado. Puse muchas esperanzas en él y había muchas expectativas sobre lo que podía pasar en estos 12 meses... Pues bien, no me ha defraudado para nada.
He estado en Nueva Zelanda, he cambiado 3 veces de trabajo hasta conseguir trabajar en lo que seguramente sea mi sueño desde que tenía uso de razón.
He conocido a mucha gente maravillosa interesante que me ha hecho aprender muchísimo y mejorar como persona (o eso creo yo). También he conocido gente detestable, a la que sólo le mueve el egoísmo y que es capaz de joder la vida de otra persona por su propio beneficio. De estos últimos también he aprendido mucho.

Sigo conociéndome. Siempre digo que tengo la suerte de conocerme bien y que esto me ayuda a hacer lo que quiero, lo que me gusta y conseguir muchas cosas. Aún así, sigo descubriendo cosas de mi, que evidentemente estaban pero que en circunstancias concretas me han hecho redescubrirme.
Soy poco constante con muchas cosas con las que me gustaría serlo más (deportes, estudiar...). Soy indeciso y cobarde a la hora de tomar decisiones, especialmente cuando se trata de hacer daño a otra persona, sea o no yo el culpable. No consigo centrar mi mente en aquella persona especial que me hace suspirar cuando miro la luna o que me hace sonreír como un bobo cuando me llega un mail o un mensaje al móvil y leo su nombre en el remitente. Me gustaría que me resultara más fácil hacerlo y poner toda la carne en el asador para conseguirlo, pero el miedo al “no” y a lo que todo ello conlleva me frena.
No pretendo dar lástima. Muchos/as conocéis mis “andadas” y diréis que no me puedo quejar. Pero es cierto que siempre se echa de menos lo que no se tiene. Aunque a veces va más allá del simple capricho.

He vuelto a verme emocional. Mucho más visceral de lo que estaba acostumbrado en los últimos años. Me emociono al ver imágenes que para mi son de extrema belleza (generalmente relacionadas con la Naturaleza), al leer textos que se me clavan en el corazón y se gravan en la memoria. Hacen que me pique la nariz, que respire hondo y que los ojos se inunden de lágrimas. Me encanta esa sensación porque, afortunadamente, la inmensa mayoría de las veces es por una alegría o una felicidad que me desborda.
Creo que he adquirido valores nuevos. Disfruto más de las cosas, si cabe (seguro que los consejos de mis padres tienen algo que ver). Me encanta pasar una tarde con los amigos, ver atardecer o amanecer sobre la tabla de surf o recorrerme casi 300 km para pisar nieve recién caída, sólo o en compañía.
Creo que me enfado menos, intento ponerme más en el “otro” lado de los problemas y me planteo las cosas casi con filosofía china. Sin embargo, soy menos tolerante y ardo por dentro cuando mis valores o mi confianza son “violados”. Por ejemplo, no soporto que se esté destruyendo el planeta y la gente no haga nada porque “total, no lo hace nadie... ¿Por qué lo voy a hacer yo?”.

Mi última barrera superada es la de las profundidades marinas, al sacarme el título de submarinismo. Es fascinante. Algo que hay que ver en persona por lo menos una vez en la vida. La vida se abre paso allá donde va. S alguien tiene alguna duda sobre que la vida comenzó en el agua es que no sabe bien lo que dice. La vida bajo el agua transcurre a otro ritmo. Tal vez la sensación venga dada por el aislamiento que dan millones toneladas de agua sobre mi insignificante cuerpo, o por la mezcla de gases respiradas a presión mientras otros animales y plantas circulan despreocupados por donde quieren.
Realmente algo fascinante. Sentir como tu cuerpo se comprime por la presión, como el aire de la botella llena mis pulmones y evita que me ahogue como debería pasar al estar a 20 metros de profundidad y me deleito con una simple alga, un cangrejo ermitaño o las impasibles estrellas de mar.
Si a toda esta oleada de nuevas sensaciones, nuevas vistas y nuevas revelaciones le sumas la fantástica compañía de Paloma, Miguel y el resto del equipo que se reunión, el resultado son 3 días de goce, risas y muy muy buen ambiente.

¿Y ahora qué? Pues bien... Otros 12 meses más para viajar, descubrir cosas nuevas, conocer gente, leer libros y aprender miles de cosas. Tal vez un nuevo viaje a otro continente, ponerme en serio con el deporte (rugby!!), aprender más sobre submarinismo y ser un buen veterinario de fauna marina. Por supuesto seguir mejorando como persona y aprendiendo más sobre cómo soy y lo que puedo dar de mi. Otro año lleno de expectativas, lleno sueños y de ideas para ser realizados. Y, como no, con vosotros/as para compartirlo y vivirlo. Y por muchos más!