Solo
Soy consciente de que estoy solo. Me doy cuenta de que hace unos días que no veo a nadie por aquí. Exactamente 4 días. El lunes todavía vi a alguno de eso humanos con batas que venían por aquí, nos daba de comer, tomaba notas y volvían a irse para aparecer el siguiente día.
Soy consciente de que no van a volver, que por lo tanto la comida se va a agotar y que moriré aquí si no se remedia.
Soy consciente de que no soy como el resto de los ejemplares de mi especie. Les miro a los ojos, entre los barrotes, y no veo nada más que instinto. No hay ni un atisbo de inteligencia detrás de sus actos marcados por la naturaleza y la rutina.
¿Desde cuándo soy consciente de todo esto? Hace 2 semanas aproximadamente que soy capaz de asociar conceptos, plantear problemas y soluciones y aprender muchas cosas con la simple observación de mi entorno. Hasta entonces era uno más, en una jaula como los demás. Actuando como los demás...
Lo que no sé, y es algo que me intriga, es qué motivó ese cambio. Qué hizo que yo, entre los demás, fuera capaz de plantearme todo esto...
Y aquí estoy, solo. Esperando a... nada. Paso el día analizando la habitación en la que estoy. Parece un laboratorio. En la misma mesa en la que está mi jaula hay 5 más iguales, en las que hay otros tantos individuos. en frente, junto a la puerta, hay varios ordenadores, algunos de los cuales están apagados y otros parecen procesar información continuamente. Hay 3 microscopios en la mesa de la izquierda y neveras y congeladores en la pared de la derecha.
He visto que cerca de los microscopios y en las neveras guardan decenas de muestras de sangre y tejido. Sé que hay muestras mías o, por lo menos, lo asumo. La ausencia total de pelo deja al descubierto múltiples cicatrices, como si de un historial médico se tratara.
Al reflexionar sobre esto me siento algo vulnerable (más si cabe, teniendo en cuenta que vivo en una jaula del tamaño de una pecera mediana y estoy muy abajo en la cadena alimentaria). Los humanos que trabajan aquí saben más de mi que yo mismo. La identidad... es algo que debe haberse hecho patente junto con mi capacidad de raciocinio. Sé quién soy y qué soy. Reconozco a mis iguales (aunque cada vez los veo más lejanos) y me planteo qué será de nosotros cuando no tengamos qué comer.
En las horas que no observo la habitación correteo por la jaula. La viruta bajo mis patas tiene un tacto agradable, siempre y cuando esté seca. La higiene es algo que empieza a brillar por su ausencia desde el lunes. Rebusco entre los copos de madera restos de comida que puedan satisfacer mi acelerado metabolismo. Roo los barrotes y las traveseras de la rueda en la que hasta hace escasos días pasaba la mayor parte de mi tiempo, supongo que engañado por la falsa ilusión de que si corría podría salir de ahí.
El resto de horas reflexiono sobre qué debe haber pasado. Esta gente venía religiosamente puntual al laboratorio pero se iban tarde, realizando un trabajo que parece no acabarse nunca. Aunque es cierto que algunos nos trataban con mejores "modales" que otros, nunca faltó comida ni una jaula limpia.
Cuanto más pienso en ello más me atemoriza la idea de que este sea mi final. De nuevo miro a mis compañeros y no veo en sus caras ninguna expresión de miedo más allá de la incomprensión de no tener alimento puntualmente todas las mañanas.
El sentimiento de miedo ha ido creciendo en mi interior hasta que ha ganado a la incertidumbre de no saber qué hay ahí fuera, por lo que he decidido salir de mi hogar-prisión en busca de comida y respuestas.
La vía de escape resulta ser más sencilla de lo que esperaba y, después de varias combinaciones de movimientos con mis patas, consigo hacer ceder el bebedero y salir por el hueco dejado.
Para mi sorpresa no he sentido alivio o algo parecido a libertad. Para ser honesto, tampoco sé lo que se siente al ser libre. El miedo y la excitación iniciales han dejado paso a un apetito primario, que me obliga a corretear por la mesa en busca del rastro de la mezcla de cereales y hortalizas que los científicos nos administraban. Al cabo de un par de horas encontré un cajón donde estaba toda la comida.
Junto a los paquetes de comida envasados al vacío he encontrado una libreta y varios bolígrafos y lápices. Siento la necesidad de probar a escribir pero el hambre apremia y engullo la comida con prisa, para luego repartir como puedo un poco de comida entre los otros compañeros, de los que no espero ninguna muestra de agradecimiento. No creo que sean capaces de entenderlo.
Ahora que soy libre puedo correr por toda la habitación, saltando entre las mesas y deslizándome por pasadores y asideros de armarios para subir y bajar al suelo. Siento que puedo hacer lo que quiera y que hay mucho por descubrir, sin que nadie por el momento pueda detenerme. Ahora entiendo ligeramente lo que es la libertad...
Al cabo de un rato el cansancio se apodera de mi y me planteo volver a la jaula a dormir. A pesar de no desear volver a ese espacio cerrado, la seguridad que siento al estar dentro hace que sea la mejor opción para descansar.
Mañana será otro día...
3 comments:
Rubio!! no puedes escribir estos cuentos... q me emociono!! Solo espero q a mis ratas no se les pase todo eso por la cabeza!! jeje
Cuando miro los animales del laboratorio y me pongo a pensar en la vida tan triste que tienen, pienso en que, almenos con los que trabajo yo, sirven para curar o mejorar la calidad de vida de personas enfermas y se me pasa un poquito... Podrias hablar con tu personaje y animarlo un poquito! XD
Besicos daneses!!
Aina
A tu ratita que se ha despertado del sueño profundo de la inconciencia le pasa lo mismo que a muchos humanos, que aun sabiendo sus nuevas posibilidades y conociendo resquicios de libertad; asustados vuelven a quedar anclados en su rutina y su falsa seguridad, desarrollando indefensión aprendida y una gran frustración. Producto de la falta de responsabilidad y control de sus vidas, cuando sienten miedo o están cansados de luchar... todos vuelven a la falsa seguridad de lo conocido, a sus cárceles sociales y profesionales, manteniendo situaciones que lejos de crearles felicidad, les hacen prisioneros. Almas perdidas sin rumbo que siguen su camino, esperando algún día tener el suficiente valor como para dejar de rendirse a su destino. Quién no se ha visto jamás en esta posición.... yo sí. Señores, tenemos dos opciones, o seguir siendo inconscientes y ahorrarnos toda esta divagación, o bien, tomar las riendas de nuestra vida, trazar un buen plan y hacer las maletas para tornar reales todos esos sueños que estamos viendo desde el lado de los barrotes que un día permitimos nos encerraran. Yo hace tiempo que prefiero la segunda... por muy dura que sea y muy solo te sientas en algunos momentos del viaje... Gracias Pas por hacernos accesibles grandes lecciones mediante el comportamiento de aquellos sabios animalitos que tienes a tu alcance cada día... Un abrazo
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