Siendo que últimamente tengo esto abandonado por el trabajo y mi ajetreada vida social. Voy a escribir de forma breve (no por desmotivación literaria o submarinística) cómo fue mi segunda inmersión como submarinista independiente en aguas de la Costa Brava.
En esta ocasión se sumó al tándem Uri-Pas Damian, novio de Aran e hijo de esa pareja tan agradable que me hizo la estancia en NZ aún mejor (si cabía). Aran, todavía "virgen" en lo que respecta el mundo de buceo al final se quedó tostándose bajo el sol gironí, recargándose de esa energía solar que en Reino Unido es tan escasa.
Además, en esta inmersión pudimos disponer de cámara subacuática para poder plasmar en ceros y unos todo lo que viéramos e hiciéramos. Por eso esta vez habrá más fotos que espero que disfrutéis!
La inmersión comenzó de forma muy progresiva. La entrada en el agua podía hacerse desde la misma cala de Aiguafreda, esquivando las medusas que yacían moribundas en la orilla y las que todavía vivían, viajando a la deriva, indiferentes a nuestra presencia. Yo opté por llenar el chaleco y tirarlo al agua, para tirarme yo a continuación (no sin vigilar con las rocas que había abajo).
En esta ocasión se sumó al tándem Uri-Pas Damian, novio de Aran e hijo de esa pareja tan agradable que me hizo la estancia en NZ aún mejor (si cabía). Aran, todavía "virgen" en lo que respecta el mundo de buceo al final se quedó tostándose bajo el sol gironí, recargándose de esa energía solar que en Reino Unido es tan escasa.
Además, en esta inmersión pudimos disponer de cámara subacuática para poder plasmar en ceros y unos todo lo que viéramos e hiciéramos. Por eso esta vez habrá más fotos que espero que disfrutéis!
La inmersión comenzó de forma muy progresiva. La entrada en el agua podía hacerse desde la misma cala de Aiguafreda, esquivando las medusas que yacían moribundas en la orilla y las que todavía vivían, viajando a la deriva, indiferentes a nuestra presencia. Yo opté por llenar el chaleco y tirarlo al agua, para tirarme yo a continuación (no sin vigilar con las rocas que había abajo).
Una pequeña medusa a la deriva...
Una vez en el agua y resueltos los problemas de Uri con la estanqueidad de las gafas fuimos recorriendo todo el perfil de la cala y hundiéndonos progresivamente hasta los 11 metros, en un paraje muy diferente al que podíamos encontrar en Tossa en la inmersión anterior. Terreno rocoso por todas partes, suelos de piedras blancas donde los peces hurgaban en busca de alimento.
Biotopos cúbicos dejados tiempo atrás habían sido colonizados por la vida marina de forma fulgurante, siendo ahora parte integrante de todo un paisaje submarino increíble.
Al no bajar a mucha profundidad (la profundidad media fue de unos 6 metros), la luz nos deleitaba con sus rallos, entrando directos hasta el rincón más oscuro, permitiéndonos espiar la vida en todo su esplendor.
Fanerógamas, sardos, doradas, estrellas de mar de colores increíbles, erizos de mar, gobios de todos los colores posibles y como remate un señor pulpo que, por sus heridas de guerra (algún necio neanderthal había intentado cogerlo, sin éxito, pero amputándole todos tentáculos), parecía un anciano marino que la vida le había enseñado mucho de cómo tratar a esos extraños seres que éramos nosotros. Así que se dejó fotografiar y que nos acercáramos prudencialmente, hasta que optó por irse, tranquilamente, sabiendo que nunca podríamos atraparlo.
La vuelta no supuso problema alguno y la parada de descompresión se hizo casi sin querer porque fuimos subiendo progresivamente. Además.... ¡No nos perdimos! Llegamos perfectamente a la misma cala y sin más problema que soportar el tórrido calor del que habíamos estado protegidos durante algo más de 80 minutos bajo el agua.
Victoriosos y satisfechos, dejamos las cosas y disfrutamos de un descanso mientras Aran y Damian hacían sus pinitos como alumna e instructor respectivamente, para luego volvernos.
Otra inmersión. Otro deleite para los sentidos y otro empujón para no dejar de hacer submarinismo. Gran descubrimiento esto del submarinismo...
Biotopos cúbicos dejados tiempo atrás habían sido colonizados por la vida marina de forma fulgurante, siendo ahora parte integrante de todo un paisaje submarino increíble.
Al no bajar a mucha profundidad (la profundidad media fue de unos 6 metros), la luz nos deleitaba con sus rallos, entrando directos hasta el rincón más oscuro, permitiéndonos espiar la vida en todo su esplendor.
Fanerógamas, sardos, doradas, estrellas de mar de colores increíbles, erizos de mar, gobios de todos los colores posibles y como remate un señor pulpo que, por sus heridas de guerra (algún necio neanderthal había intentado cogerlo, sin éxito, pero amputándole todos tentáculos), parecía un anciano marino que la vida le había enseñado mucho de cómo tratar a esos extraños seres que éramos nosotros. Así que se dejó fotografiar y que nos acercáramos prudencialmente, hasta que optó por irse, tranquilamente, sabiendo que nunca podríamos atraparlo.
La vuelta no supuso problema alguno y la parada de descompresión se hizo casi sin querer porque fuimos subiendo progresivamente. Además.... ¡No nos perdimos! Llegamos perfectamente a la misma cala y sin más problema que soportar el tórrido calor del que habíamos estado protegidos durante algo más de 80 minutos bajo el agua.
Victoriosos y satisfechos, dejamos las cosas y disfrutamos de un descanso mientras Aran y Damian hacían sus pinitos como alumna e instructor respectivamente, para luego volvernos.
Otra inmersión. Otro deleite para los sentidos y otro empujón para no dejar de hacer submarinismo. Gran descubrimiento esto del submarinismo...













1 comment:
:) ya sabes, envidia pura :)
1 bsz.
Palo.
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